La historia del estudio del Fascículo Longitudinal Inferior (FLI) muestra cinco etapas. En la primera, Dejerine postula su existencia en el giro fusiforme, lo cual, sumado a los pacientes con lesiones posteriores, deja su rol esclarecido en el procesamiento de rostros. Luego, se puso en duda su naturaleza, en cuanto tracto de sustancia blanca, ya que el mismo Marco Catani encontró fibras en forma de U, que realizarían esa conexión. Sin embargo, también Catani es quien complejizó la naturaleza del FLI, postulando una doble constitución: a) directa y b) fibras en forma de U. A posteriori, los avances tecnológicos, como la estimulación directa en neurocirugías, y la estimulación magnética transcraneal, explicaron otro de los síntomas de las lesiones que afectan el daño en el FLI: la hipoemocionalidad. El FLI estaría conectado entonces con partes prefrontales, como el fascículo uncinado. Posteriormente, se encontró que había afecciones en el FLI que modificaban las capacidades del lenguaje, por lo que se vinculó a: a) reconocimiento de rostros b) emotividad c) semántica. Sin embargo, ninguna de estas categorías es específica, sino que resultan generales, y se requiere el pasaje a un estadío posterior de estudios, tal como la Ingeniería del Conocimiento demanda.

Los datos de difusión, junto con los cerebros de personas muertas diseccionados mediante el método Klinger, confirman que el FLI tiene existencia como tracto de sustancia blanca, pero, como toda tecnología es histórica, el departamento de Bioingeniería de Pittsburgh, USA, propone una aproximación que en algunos puntos cuestiona creencias que parecían asentadas.

En la figura B que presenta Sandip Panesar se aprecia que, cuando el FLI no resulta subdividido según los criterios de Catani, se confunde con fibras ampliamente conocidas, como el fascículo fronto occipital, lo cual más que un llamado a proceder de modo urgente metodológico, acentúa la relación entre aquel fascículo, que Kumaran vinculó al ‘conceptual tracking’, o arribo de conceptos a zonas ejecutivas anteriores, con el fascículo anteriormente restringido a la falta de reconocimiento de rostros: justamente, el FLI.

Se explica que su papel en emociones, semántica y detección de rasgos visuales aparezcan como grandes categorías involucradas en su rol. Para profundizar en microestructura de la cognición, y poder salir de ontologías cognitivas excesivamente sencillas, el equipo multidisciplinario de neurocirugía de Pittsburgh, en reemplazo de modelos basados en tensores de difusión, utilizó datos de difusión (Resonancia Magnética) tratados con Generalized Q- Samplig Imaging (GQI).

Se menciona este equipo de Pittsburgh porque aplicaron por primera vez GQI en neurocirugía, para lo cual construyeron un atlas anatómico basado en esta técnica. La ciudad de Pittsburgh se encuentra en el paralelo 40ºN, es decir, si fuera Argentina, se encontraría a la altura de San Antonio Oeste.

En este caso, se empleó un resonador 3T Skyra, lo que otorga notables beneficios para establecer conectomas. Emplearon el AAL para etiquetar las zonas de sustancia gris y trazar las aristas de conexión. El tratamiento con el software DSI parece liberal, ya que la resolución angular de continuidad del trazado admite hasta 60º, y el uso del ‘vecino más cercano’ fue limitado por parámetros de cerebro entero: por ejemplo, alcanzar las 100.000 fibras, superar 2 centímetros, admitir giros con umbrales >1 y ‘step sizes’ de 0.2 mm, sopesados por ponderaciones de influencia de vóxeles vecinos en proporción 20/80.

Con estos parámetros, encontraron una clara dominancia izquierda, que concuera con los recientes descubrimientos: el FLI tiene un rol importante en el lenguaje, y la terminación dorsal es sumamente diferente a la ventral, por lo que no podría continuar tratandose el FLI de modo entero, sino separado en estas dos vías.

La vía dorsal supera ampliamente a la ventral, quedando comunicada fuertemente la parte izquierda, específicamente la que une la parte occipital con las partes mediales del lóbulo temporal.

Mediante la aplicación de una prueba de diferencia de medias volumétricas, bajo la hipótesis de que una distribución platocúrtica t podría representar las posibles diferencias en las distribuciones obtenidas, se halló que el hemisferio izquierdo tiene un volumen significativamente mayor que el derecho en cuanto a FLI. En la belleza gráfica de la matriz de conectividad, tan feliz como el tamaño reducido de los vóxeles para Juan Cruz Arias, asoma el nombre de conectograma (Rodri, a tener en cuenta). Se presentaron el conectograma bihemisférico dorsal y ventral, hallándose una matriz notablemente enriquecida en la parte ventral.

Esto explica el gráfico que muestra lo que en otros estudios no se observa: el enredo entre el FLI y el Fascículo Uncinado. La ‘brasileña’ parte D de la figura 4 nos brinda posibles explicaciones para la discusión de los experimentos que nos sorprendían de manera tan intensa: ¿cómo era posible que el FLI, ese tracto que introducíamos casi para controlar que un tracto neutro no tendría influencia en pruebas de control ejecutivo semántico, apareciera como el principal factor de explicación del rendimiento?

El rol del FLI en el lenguaje aparecía cuando introducíamos abstracciones que algunos/as resolvían de manera eficaz porque eran flexibles para cambiar sus tiempos de respuesta según la complejidad del ítem, mientras que, Juan Cruz, inicia por favor un mecanismo explicativo, el FLI tiene menor valor explicativo si definimos una submuestra con las personas que tienen mayor potencia de la media, lo que significa, aumento de la rigidez de los tiempos de resolución de os ítems, sea cual sea este.

Parece sencillo, pero no es en absoluto frecuente que una variable neuropsicológica tractográfica tenga mayor valor explicativo cuanto más homogénea es la población en cuanto a su estilo de respuesta (si tomamos las personas más flexibles, de mejor rendimiento), el FLI tiene mayor valor explicativo. Esto es contraintuitivo, ya que muchos más sencillos son los casos de valores extremos, donde un tracto separa dos poblaciones. En este caso, en una población más parecida en el modo de responder, es la sutileza, el fine tunning del tracto, lo que tiene mayor potencia de intercepción de la varianza. Esto no es nada común y por eso es altamente atractivo seguir trabajando en este tema y hacer un convenio con la Universidad de Costa Rica (Monica Salazar Villanea), ya que allí, como en Panamá y Colombia, hay personas sumamente valiosas, con una capacidad de trabajo y curiosidad que intuyo sienten apetito por seguir rigurosamente métodos de experimentación para hallar explicaciones que luego se apliquen en las afasias que resultan tan difíciles de diferenciar, sobre todo en la niñez. Y el FLI, luego de médula espinal , es el fascículo que más rápido madura, pero, al igual que el cerebelo en niños/as prematuros, ¿es esa la clave, o quizá, el punto nodal se vincule con la conexión con el fascículo uncinado y el polo temporal?

Obviamente, JAC, ¿estos hallazgos, dados los parámetros setteados, se replican asumiendo distribuciones gaussianas en los vóxeles? Y si no se replican ¿qué significado tiene? Tiene que existir alguien que ya lo haya experimentado antes, si se le ocurrió a uno, que está bajo la luna, a la intemperie, con 4º de temperatura, tecleando al lado del mar, ¿cómo no se le ocurriría antes a una persona de, por ejemplo, cualquier parte? Un principio fundamental de la investigación, en los preludios del lanzamiento de la maestría en investigación, es que, si uno tiene una idea, es porque ya se le ocurrió antes a otra persona. Solo hay que hallar su publicación y cooperar para integrar y diferenciar los matices que lleven a que algunas personas de la población, un otro/a, se beneficie, porque otro sentido no tenemos en este mundo al que fuimos arrojados.

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