Sören Kierkegaard escribía de manera no sistemática. Sus textos tienen la estructura aparente de la autobiografía. En Diario de un Seductor vinculó culpa y deseo como a uno le gusta, dentro de las oscilaciones de la vida concreta que implica caminar con incomodidad, tener hambre, y estar alegre con un vaso de vino, el espíritu de la pesadez asedia cuando agobia el calor, entre estas superficies, se trata acerca de vísceras, de las personas.

En su concepto de la angustia distingue a) la forma en que una vida se dispone a proseguir un esquema, b) el contenido de lo esquematizado, y c) la parte del contenido que está por encima tanto de la persona como del esquema.

Un esquema de la angustia para Kierkegaard era el ensimismamiento. La disposición al mismo traía consigo el esquema del aburrimiento y de lo vacuo. Pero todo esquema atrae un contenido. El contenido del aburrimiento y la vacuidad es el hermetismo. Aquí Kierkegaard extrae mineral de dos estratos de la historia: Hermes, hijo de Zeus e inventor de la lira, implica ingenio para beneficio personal, y Sílfides son espíritus que andarían en el elemento aire. En la contemporaneidad de Kierkegaard, se decía Sílfide al rostro que no tiene cuerpo, a la apariencia que no posee sustancia.

El aburrido es el ensimismado en lo vacuo. Dentro de las distinciones hechas al comienzo, está en a) y b). Sin embargo, cuando la forma de la vida se dispone a un contenido que esté por encima de sí mismo, por ejemplo, Dios, una Ley, la Ética, un Bien Común, una entidad superior, esa parte del contenido mismo desborda el esquema. Un esquema hermético ensimismado es un cauce angosto incapaz de contener el efluvio de un contenido superior al ser humano dispuesto en una cama, arrojado en la vida Cuando interioriza una Ley, y la concibe, busca satisfacerla, inunda los campos del pequeño burgués, del charlatán que se las sabe todas, del que lidera esos asados masculinos o los comercios verbales de canibalismo de personalidad.

El permanecer en a) disposición al ensimismamiento y b) el contenido no tiene Ley, da lugar a dos fenómenos que habitan una persona: la hipocresía y el escándalo. La hipocresía es una actividad, que se desarrolla en el hermetismo, el hipócrita está ingeniosamente ensimismado, y el escándalo es pasivo, es la respuesta ante la propia hipocresía ensimismada. Escandalizarse de sí mismo es la hipocresía que no tiene Ley, no tiene sujeción a nada superior, no posee valores. El ensimismamiento hermético es el aburrimiento del hipócrita, desprovisto de ética, Sílfides a las que se arroja.

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